28 de julio de 2003

Bendito papel (y II)

"Los periódicos desaparecerán en diez [quince, veinte...] años". Afirmaciones de este tipo, tan categóricas, han sido escuchadas decenas de veces en boca de los grandes gurúes de la prensa internacional, sobre todo desde la aparición de Internet.

Yo no soy gurú, ni mucho menos adivino, pero puesto en el brete de hacer una predicción, supongo que soltaría una perogrullada tal que así: "El papel desaparecerá cuando haya una tecnología mejor para servir como soporte de la información escrita". O para ser más concreto, cuando los lectores prefieran usar esta tecnología futura, en lugar del papel. Atreverse a afirmar que esto sucederá dentro de diez, quince o veinte años me parece una absoluta temeridad, teniendo en cuenta la velocidad a la que cambia el mundo tecnológico y los intereses que influyen en él.

En cualquier caso, dar carpetazo a la imprenta parece sencillo, pero no lo es. El papel es una tecnología milenaria que ha conseguido formar parte de la cultura universal gracias a una versatilidad y una eficacia notables. El texto impreso tiene una resolución muy alta y es agradable para nuestros ojos. Además, un periódico se puede doblar, mojar (un poco) y es barato, así que no supone una tragedia dejarlo olvidado en el vagón de metro. Por si fuera poco, puede servir para envolver el pescado de mañana, para colgar al lado del retrete o para forrar el suelo de la jaula del periquito. Todo, por el precio de un diario. ¿Quién da mas?

Es cierto que no todo son ventajas, pues el papel supone la desaparición de árboles, dispone de un espacio limitado para mostrar información -en sólo dos dimensiones- y su precio en el mercado a gran escala es la excusa preferida por los editores para reducir las ediciones o despedir a redactores. Pero aun así, parece sensato pensar que la tecnología que certifique su defunción tendrá que ser, como mínimo, tan buena como ese viejo pergamino que a veces nos ensucia las manos de tinta.

Caníbales digitales
De momento, hay tres dispositivos que están complicando las cifras de difusión de los periódicos: el ordenador, la agenda electrónica (PDA, en sus siglas inglesas) y el teléfono móvil. En lo que respecta a estos últimos, su diminuta pantalla les impide mostrar poco más que el titular de una noticia o, en el caso de los móviles multimedia, varios titulares y algunos elementos audiovisuales. Esta limitación los hace más aptos para recibir un aviso urgente que el reportaje de análisis de una cabecera, así que no son de momento un problema excesivamente importante para los editores y sí una incipiente fuente de ingresos.

Por su parte, los periódicos han podido constatar en los últimos años que uno de los colectivos más hambriento de noticias es el de los usuarios de agendas electrónicas que, en cada vez más número, conectan con la Red a primera hora de la mañana para descargar la prensa del día. Cuando acaban de ducharse, descubren que su agenda contiene al menos tres ediciones completas de las principales cabeceras, que pueden leer en el metro, de camino al trabajo (¡Nada más y nada menos que tres periódicos en la palma de la mano!).

Según los expertos, el móvil y la PDA van camino de convertirse en un solo dispositivo con las ventajas de ambos -ubicuidad para recibir noticias y capacidad de memoria y proceso para almacenarlas y mostrarlas- pero mientras esto sucede, el ordenador sigue siendo el medio favorito por los internautas para acceder a la Red.

El único problema de las computadoras reside precisamente en la tecnología que usan para mostrar la información, pues constituye, simple y llanamente, un soporte nocivo para la salud humana. El monitor de los ordenadores incorpora un haz de electrones que dibuja la pantalla entre 50 y 85 veces por segundo (Herzios). A primera vista, el ojo no es capaz de detectar el apresurado trabajo de este lápiz electrónico y sólo ve una imagen fija, pero nuestro cerebro sí detecta el engaño, y al cabo de unas horas de estar sentados delante de la pantalla, cualquiera puede sentir molestias visuales, jaquecas u otro tipo de desórdenes de salud (supongo que nuestros nietos se reirán mucho cuando les contemos que leíamos las noticias a través de un chorro de radiación dirigido a nuestra cara).

Hay otra tecnología que hasta ahora ha permanecido agazapada en los laboratorios y que promete complicar las cosas a los magnates de las empresas editoras: el papel electrónico. Su desarrollo ha estado marcado por la imitación de las principales características -buenas- del papel, como la flexibilidad y la alta resolución de la palabra impresa, lo que le convierte en una alternativa seria para el periódico de toda la vida al no pretender sustituir una cultura ya establecida sino sólo modificarla.

El uso conjunto del papel electrónico y las redes inalámbricas (conocidas como wireless-fidelity, o wi-fi) promete un futuro de información ubicua y constante, así como una amenaza -en este caso, parece que cierta- para los entrañables pliegos de las imprentas. Pero antes de que el papel electrónico adquiera la madurez tecnológica, podríamos preguntarnos por las consecuencias que esta tecnología tendrá para la prensa y los profesionales que trabajan en ella.

El peso de las palabras
La aparición de la informática en las redacciones supuso el reciclado a fuego de aquellos sectores de la plantilla más ligados a la tecnología papel. Teclistas, linotipistas, correctores y otros tantos profesionales del periódico pasaron de realizar un trabajo especializado a ejecutar tareas tan cualificadas como cargar y mover cajas en los almacenes de las rotativas. Sólo unos pocos, muy pocos, obtuvieron una formación adecuada para adaptarse a la nueva tecnología. Pero el impacto de la tecnología en la sociedad y el supuesto desarrollo que acarrea la forma en que se introduce entre nosotros serán objeto de un artículo posterior. Mientras tanto, hay otros asuntos más abstractos, pero que no conviene dejar de lado, como el valor intrínseco de la palabra impresa.

Dicen que la palabra no escrita se la lleva el viento. La historia de la prensa está repleta de errores, erratas y libelos, más o menos graciosos, más o menos terribles. Todos estos conceptos tendrán que cambiar para adaptarse a un medio eternamente mutante, en el que los unos y ceros tienen un valor tan limitado como el de la energía que los sustenta. Aunque parezca un asunto de orden menor, sospecho que este peso intangible de la palabra escrita será de una importancia vital en la información de mañana.

Tal vez el futuro incorpore en nuestros relojes dispositivos láser capaces de proyectar ante nosotros un eventual holograma informativo. O tal vez la tecnología nos sorprenda con algún sistema orgánico capaz de dibujar en información en el aire, en la corteza de un árbol o en nuestra propia piel. O tal vez veamos sistemas de realidad virtual capaces de transportarnos hasta el escenario de un acontecimiento pasado o presente. Tal vez, tal vez... puestos a predecir, prefiero la ciencia ficción. Mientras tanto, bendito papel.

Posted by Pedro de Alzaga at 10:30 PM | Comments (4)

6 de julio de 2003

Bendito papel (I)

Agarre un folio en blanco y sosténgalo con ambas manos delante de su cara. Obsérvelo detenidamente durante unos segundos. Ahora, imagine que sobre la superficie virgen del papel aparece, como por arte de magia, la portada de un periódico. Ahí está:

Sharon acepta las condiciones de la 'Hoja de Ruta'
Tamayo y Sáez se afilian al PP
El Recreativo disputa hoy la final de la Liga de Campeones

Golpee con el pulgar la esquina superior derecha del folio: la portada se deshace ante sus ojos y aparece en su lugar la página 2 del periódico. Pulse sobre la esquina superior izquierda y verá como el folio mágico vuelve a mostrarle la portada. Asombroso, ¿no?

Seguimos: utilice su dedo índice para tocar el titular de Ariel Sharon. Una vez más, la portada desaparece y es sustituida por un artículo sobre el dirigente israelí. El texto no cabe en la superficie del folio, así que si quiere ver el final, tendrá que pulsar en la esquina inferior derecha para que el artículo se desplace hacia arriba.

El artículo habla también de Yasir Arafat, un nombre que supongamos que usted desconoce. Pulse con el índice en cualquier lugar donde aparezca el nombre de Arafat y el folio le mostrará una ficha biográfica del líder palestino acompañada de todas las noticias sobre el conflicto de Oriente Próximo publicadas en los últimos días.

Volvamos a la portada (recordatorio: pulse sobre la esquina superior izquierda). Observe la fecha que aparece en la parte superior del folio, debajo de la cabecera: jueves, 12 de junio de 2003. Tóquela con su dedo índice y verá de pronto un pequeño calendario: navegué por él y marque cualquier fecha que le apetezca: 11 de septiembre de 2001, por ejemplo. La portada de aquel día aparece ante sus ojos, y ya imaginaba usted el titular que aparecería en ella.

Vuelva al 12 de junio y eche un vistazo al sumario de la primera página. Fíjese en un curioso titular que aparece en él:

Final de la Liga de Campeones: Juventus 0 - Recreativo de Huelva 2

Obsérvelo durante un rato. Algo sucede:

Final de la Copa del Rey: Juventus 0 - Recreativo de Huelva 3

Por lo visto, no sólo ha cambiado el resultado deportivo. La portada abre ahora con el siguiente titular:

Sharon se niega a aceptar las condiciones de la 'Hoja de Ruta'

Decididamente, Sharon y el Recre han conseguido sorprenderle: pulse sobre un icono que verá en la parte inferior del papel y que muestra un sobre de correo. La página se borra y usted empieza a hablar en voz alta: "Sr. Director: Que Sharon acepte la hoja de ruta es tan difícil como que el Recre gane la Champions...". A medida que pronuncia sus palabras, éstas aparecen impresas en la superficie del folio. Cuando termina, pronuncia la contraseña mágica: "¡Enviar!". Su mensaje se desvanece, y aparece de nuevo la portada.

Ahora, toque sobre el número de página que aparece al final del folio y seleccione la número 9: "Cartas al director". Espere unos segundos y... allí está su carta.

Vuelta a la portada, que empieza a resultar un poco aburrida. Pulse sobre la palabra "Índice" que aparece a la derecha de la cabecera y verá una lista de todas las noticias publicadas hoy, clasificadas por secciones: Internacional, Opinión, Nacional, Sociedad... Toque la columna "Geografía" y compruebe cómo desaparece el índice y en su lugar se muestra un mapa del mundo. Sobre los continentes están marcados los puntos en los que se han producido o se están produciendo noticias. Uno de ellos, en las coordenadas de Madrid, luce de forma intermitente. Pulse sobre él:

Última hora: Aznar acepta la incorporación al PP de Tamayo y Sáez

Una foto de José María Aznar acompaña la noticia. Al tocarla, la cara del presidente empieza a moverse y su voz resuena desde las entrañas del folio:

"Mire usted: el PP es un partido democrático...".

La noticia le ha animado definitivamente a terminar la lectura del folio mágico. Lo dobla y se lo mete en el bolsillo, hasta la próxima vez.

Este ejemplo ilustra algunas de las características más importantes del soporte digital: es multimedia, hipertextual, permite al lector moverse por las dimensiones del tiempo y la profundidad informativa y tiene un alto grado de interactividad. ¿Tecnología del siglo XXII? No, tecnología actual, salvo una, la más importante: la del folio mágico.

Posted by Pedro de Alzaga at 10:14 PM | Comments (6)

30 de junio de 2003

El incierto rumbo de las bitácoras

Un amigo mío dice que los medios tradicionales deberían temer a Internet porque supone «la mayor amenaza para su negocio de toda la vida». Probablemente, tiene razón. Acto seguido, asegura que las bitácoras (diarios personales; weblogs o blogs, en inglés) acabarán con el periodismo tal y como lo conocemos hoy, pues convertirán la Red en una «galaxia repleta de especialistas» capaces de dar una información mucho más amplia, precisa y democrática que la que proporciona un periódico, «obligado a informar de todo, conozcan o no sus redactores los asuntos sobre los que informan». A riesgo de que me llamen corporativista, veo al menos tres peligros en este planteamiento: consigue que la forma sea más importante que el fondo, confunde la parte con el todo y convierte a una magnífica galaxia en un cuantioso puñado de estrellas.

Leer el periódico es un ritual breve, que nos lleva por la actualidad a través de sus secciones. Esta liturgia diaria deja en nuestra cabeza una fotografía más o menos fiel, más o menos manipulada, de lo que sucede en este planeta (o de lo que los redactores creen que sucede). Incluso cuando un lector se salta las secciones para leer la información deportiva o la cartelera de televisión, no puede evitar echar un vistazo a la portada y descubrir allí un caso de corrupción en la Asamblea de Madrid, una matanza en Ruanda o el resultado de las elecciones en Argentina. Al final del ritual, los lectores se reconocen en la sociedad en la que viven y en la época que les ha tocado vivir.

Especializar la información que aparece en un periódico y repartirla en un puñado de publicaciones supone transformar a un gigante en muchos enanos, fragmentar la fotografía que el lector se lleva en su memoria cuando deja el periódico sobre la mesa y convertir la información general en sectorial, más apta para los especialistas que para las personas, para las tuercas que para las máquinas.

Es cierto que el futuro no parece apostar por las grandes redacciones que hemos conocido hasta ahora, sino por un montón de redacciones de guerrilla, pequeñas, especializadas y capaces de cubrir en profundidad asuntos muy concretos. Pero también creo que la información que salga de estas redacciones sólo servirá para cubrir un segmento muy reducido de la información que necesita la sociedad, precisamente cuando más necesario sea un periodismo general y plural en todos los sentidos.

Democracia participativa
Las bitácoras no necesitan argumentos gratuitos para defender su existencia. Uno de los más habituales parte del carácter participativo de estas publicaciones para trasladarlas a un terreno bastante más delicado, el de una supuesta democracia de la información. «En los weblogs los usuarios deciden qué información es importante», dicen algunos de sus defensores.

Personalmente, nunca me fiaría de un periódico que sólo publicara lo que quiero leer. Tampoco confío en los sistemas asamblearios para decidir la información que se publica en un diario; ni siquiera en sus secciones. Siempre que pienso en ello me imagino a los tripulantes de un velero decidiendo si deben arriar la mayor ante la llegada inminente de una tormenta (una práctica que suele terminar con el naufragio del barco y sus tripulantes practicando la natación). No obstante, sí creo que la democracia debe aplicarse para decidir quién dirige el periódico o sus secciones. Pero éste es otro tema.

Forma y fondo
Las bitácoras se han convertido por méritos propios en un formato perfectamente válido para hacer periodismo. Pero ningún formato por sí mismo garantiza la información que contiene, sino el trabajo de las personas que elaboran la información y los criterios periodísticos que usan para tratarla. De otro modo, deberíamos admitir que unas hipotéticas bitácoras de Microsoft, el Partido Popular o el Ministerio del Interior son medios periodísticos porque disponen de una información «mucho más amplia y precisa» que el resto de los mortales, aunque la manejen con criterios muy distintos a los que se podrían considerar como informativos. O que Eduardo Tamayo es un magnífico periodista porque maneja una información «mucho más amplia y precisa» de lo que sucedió en la Asamblea de Madrid hace tres semanas, aunque en mi pueblo esta persona sea una fuente y no un medio de comunicación, por mucho que el diputado se empeñe en publicar su información en una bitácora.

En este contexto, la prensa tradicional debería estar tranquila. Internet es información, y si los responsables de los medios y los periodistas que trabajan en ellos son capaces de dejar a un lado la cicatería económica y los recelos corporativistas, podrán reclamar con todo derecho su papel de obreros de la información, un «negocio» en el que están desde hace mucho tiempo. Si deciden no hacerlo, deberían preocuparse, porque ya hay bitácoras que utilizan criterios estrictamente periodísticos para publicar información, y en muchos casos lo hacen con menos intereses ajenos que los medios tradicionales. En definitiva, lo más curioso de este asunto es que a estas alturas tengamos que plantearnos que lo más importante de la comunicación es la información, y no el formato con el que se publica. No entender esto constituye la verdadera amenaza para los medios, nuevos o tradicionales.

Posted by Pedro de Alzaga at 03:03 PM | Comments (28)