8 de junio de 2003

El apellido digital

Durante el I Congreso Nacional de Periodismo Digital, uno de los conferenciantes sembró el estupor en el público al negar la existencia del periodismo digital basándose en el carácter utilitario de las redes de comunicaciones. Cito de memoria: «Internet es una herramienta para el periodista, como también lo es el tren», dijo, «pero todo el mundo habla del periodismo digital y a nadie se le ocurre hablar del periodismo ferroviario».

De acuerdo con esta teoría, la Red es sólo un instrumento, sobre todo para la comunicación y documentación del periodista, y no tiene sentido abrir un nuevo tipo de periodismo ni atribuir la naturaleza digital del soporte a los profesionales que lo utilizan.

Una teoría correcta. Tal vez, demasiado correcta, porque si la aplicáramos a otros medios, tendríamos que deshacernos de buena parte de las denominaciones actuales e iniciar de nuevo un debate sobre los apellidos de esta profesión: empezando por el periodismo radiofónico, siguiendo con el periodismo económico y acabando, quizá, con la misma denominación de «prensa» o de «periodismo».

Es cierto que un profesional se convierte en periodista en el ejercicio de esta función y no por el soporte que utiliza para difundir la información que elabora. Pero añadir el apellido «radiofónico», «económico» o «digital» a la profesión de periodista no parece ser un problema de mucha envergadura.

Locutores, maniquíes y plumillas
Una persona no se transforma en locutor por escuchar la radio -una herramienta, como Internet y como el tren- o por hablar a través de ella esporádicamente, pero un profesional que usa este canal para informar sí puede considerarse un periodista radiofónico. A no ser, claro está, que pretendamos obligar a Alfonso Rojo a no escuchar la radio -una herrramienta-, para no convertirse en locutor; a Carlos Llamas a no ver la televisón -otra herramienta-, para no ser un maniquí; o a Matías Prats a no leer el periódico -otra herramienta-, so pena de formar parte del colectivo de los plumillas.

En su breve historia, el periodismo se ha clasificado de acuerdo con criterios geográficos -local, regional, nacional, etcétera-, con los asuntos de los que se ocupa -político, económico, deportivo, etcétera- y con el soporte que utiliza para su difusión -escrito, radiofónico y televisivo-, entre otros. El periodismo digital podría inlcuirse en el último de estos grupos, pero no sin ciertos problemas derivados de su naturaleza uniforme y al mismo tiempo plural: existe un medio televisivo y un medio radiofónico, pero no hay un solo soporte digital, sino muchos (Internet, los teléfonos móviles, las agendas electrónicas, el teletexto, los CD-ROM, etcétera).

Por si fuera poco, el hecho de que Internet sea multimedia y convergente -capaz de transportar el texto, las imágenes y el sonido de los otros medios- complica aún más todo este asunto: ¿Deberíamos hablar entonces de periodismo multimedia? ¿Y qué tal suena: «Hola, soy un periodista convergente»?

Más nombres: «periodismo electrónico», una denominación tan válida como «periodismo digital» e igualmente confusa: la electrónica puede ser analógica o digital, luego debería incluirse en el grupo de periodistas electrónicos a los profesionales de la televisión y la radio, puesto que sus emisoras son también electrónicas y, en muchos casos, digitales.

El mundo anglosajón, por su parte, utiliza la coletilla «on line» ( «en directo», «en línea» o «por línea») para referirse al mundo digital y sus medios de comunicación. La prensa en lengua española también recurre con frecuencia a este adjetivo -a veces sin sujetar el on line con una simple cursiva- no sólo para referirse al periodismo digital sino para hablar de cualquier cosa relacionada con el entorno electrónico.

Y los nombres no acaban aquí. Siguiendo con la idea de usar una línea de comunicaciones para transmitir información podríamos hablar de «periodistas telemáticos», «periodistas cibernéticos», «ciberperiodistas», «e-periodistas», «periodistas inalámbricos», o algo peor.

La universidad, al rescate
La confusión de los términos en el mundo de la comunicación no es exclusiva del entorno digital, ni parece probable que los profesionales de este medio resuelvan sus problemas de identidad al margen de sus compañeros de otros soportes. En cualquier caso, la Red ha planteado debates demasiado importantes -éticos, comunicacionales y laborales- como para perder mucho tiempo mirándose el ombligo de los nombres.

La tarea de buscar un apellido para esta rama de la profesión podría iniciarse desde el entorno académico, partiendo de la premisa de que el lenguaje no se impone, sino que se propone, y que son las personas que lo utilizan las que dan validez a sus palabras. Un trabajo así acabaría con buena parte de la confusión terminólogica y reduciría la incertidumbre que todavía rodea a este nuevo medio.

Entretanto, los periodistas que publicamos en el mundo de los ceros y los unos seguiremos hablando de periodismo digital, con permiso de los ferroviarios.

Posted by Pedro de Alzaga at 09:28 PM | Comments (12)